30 Jul 2026, Jue

Somos «La Niña de los Ojos de Dios»

Los ojos constituyen el sentido que nos permite entender y evaluar con precisión el mundo a nuestro alrededor. En tan sólo microsegundos los ojos ven, siguen, enfocan y procesan imágenes que se mueven a velocidades de cientos de kilómetros por hora; la córnea admite y dirige los rayos de luz hacia una segunda lente, el cristalino a través de la pupila o niña del ojo, la cual constituye la puerta de entrada de los haces de luz.

Nuestra visión es valiosa, nuestro cuerpo protege naturalmente ese lugar vulnerable para prevenir lesiones y no hay parte del cuerpo que protejamos tan automáticamente y tan completamente como lo hacemos con la pupila. A la menor señal de peligro nos estremecemos, cerramos los párpados o nos cubrimos con nuestras manos.

En el contexto bíblico el pueblo judío se refleja metafóricamente en los ojos de Dios; es tan precioso para Él, que lo protege como si fuera la pupila de su propio ojo. En hebreo la palabra utilizada se refiere a la imagen de uno mismo reflejada en la pupila cuando uno se acerca.
El uso de la frase «la niña de tus ojos» sólo expresa protección, cercanía y proximidad. Moisés utilizó por primera vez esta frase como una descripción poética para expresar el cuidado providencial de Dios hacia Israel durante su peregrinación por el desierto (Dt. 32:10, que dice «Le halló en tierra de desierto, Y en yermo de horrible soledad; Lo trajo alrededor, lo instruyó, Lo guardó como a la niña de su ojo»). La Biblia también nos muestra cómo David le pide a Dios que lo proteja del daño y la muerte a manos de sus enemigos; como si fuera «la niña de sus ojos» (Sal 17:8 «Guárdame como a la niña de tus ojos; Escóndeme bajo la sombra de tus alas»).

Es cierto que, en ocasiones, utilizamos esta frase para referirnos al amor o cariño que sentimos por alguien, pero debemos recordar que nuestro amor es sólo un reflejo opaco del amor mucho mayor con el que Dios nos ha amado. Dios advierte que cualquiera que lastime a su pueblo es como si golpeara «la niña de sus ojos», (Zac 2:8 «Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo») demostrando que cualquier aflicción hacia nosotros es tomada muy en serio por Él.

Ser la «niña de los ojos» de Dios significa que Él nunca se olvida de nosotros y tampoco nos pasa por alto: Su mirada está siempre sobre nosotros, guiándonos, protegiéndonos y proveyéndonos, aunque no lo reconozcamos. Su amor no está condicionado a nuestra perfección, sino que permanece firme, incluso cuando somos rebeldes, luchamos o estamos perdidos. Así como Él vela por nosotros, nosotros estamos llamados a fijar nuestros ojos en Él, haciendo de Su Palabra y Sus caminos el centro de nuestra atención.

Cuando damos prioridad a Dios en nuestra vida buscándolo en oración, obedeciendo Sus mandamientos y confiando en Sus planes; experimentamos la paz que viene de saber que estamos seguros bajo Su cuidado y saber que somos «la niña de Sus ojos», nos ayuda a vivir con la confianza de que somos profundamente amados, protegidos y cuidados por el Dios que nos formó y dió vida.

Reflexión: ¿Cómo respondemos a ese cuidado especial de Dios para con nosotros?

Dios te bendiga 🙏

Erika de Pirela
erikadpirela@gmail.com

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