Hay pies que no son celebrados por su forma, sino por la historia que cargan. No son pies de pasarela, sino de camino que no brillan por su estética sino por su obediencia. Y, aunque no son bellos a la vista del hombre; Dios sí los ve hermosos.
En el mundo antiguo el mensajero era tan importante como el mensaje y su llegada podía significar vida o muerte; guerra o paz; exilio o restauración. Sus pies eran el primer anuncio visible de esperanza y esos pies no eran suaves ni limpios; por el contrario, eran pies cubiertos por el polvo, agrietados por el desierto, heridos por las piedras y quemados por el sol.

El apóstol Pablo escribe en Romanos 10:15: que los pies que anuncian la paz son hermosos. Para la mente moderna, esta expresión puede sonar simbólica pero para los judíos del primer siglo y aún más para uno formado en las Escrituras como Pablo, esta frase estaba cargada de historia, dolor, esperanza y misión; y él no inventa la imagen del mensajero; él está reinterpretando lo que dice Isaías 52:7; un texto nacido en el contexto del exilio babilónico cuando Israel estaba quebrado, humillado y aparentemente olvidado, porque en aquel tiempo -a diferencia del actual- el pueblo no esperaba discursos motivacionales, esperaba noticias; y las noticias no llegaban por email, llegaban corriendo sobre los pies del mensajero.
“Tu Dios reina” es la frase que utiliza Isaías para describir al mensajero que aparece en los montes anunciando las buenas nuevas de salvación; eso significa que Dios sigue en control, que la salvación ha llegado y que el cautiverio tiene fecha de vencimiento. El apóstol Pablo toma esta imagen y la eleva a su máxima expresión en Cristo, y en su carta a los Romanos construye una cadena coherente diciendo:
• ¿Cómo creerán si no oyen?
• ¿Cómo oirán si nadie les predica?
• ¿Cómo predicarán si no son enviados?
La salvación que Dios ofrece no es automática ni silenciosa; Dios decidió que el evangelio avanzara sobre pies humanos, frágiles, cansados y aunque limitados, son obedientes; cuando Pablo utiliza la frase “los que anuncian la paz”, no está hablando de calma emocional ni de bienestar psicológico. Las “buenas nuevas” no son un mensaje positivo para subir el ánimo; son la proclamación histórica de que Dios intervino en el tiempo, cargó el pecado en Cristo y abrió un camino de regreso para el pecador.
En la Biblia, paz (shalom) significa reconciliación total con Dios y con los hombres. Por eso los pies son llamados hermosos; no por su forma, sino por su función; no por su apariencia, sino por su obediencia. Desde una perspectiva más profunda, esta imagen revela el corazón de Dios y los pies representan el camino recorrido, la perseverancia invisible, el servicio que nadie aplaude, la fidelidad cuando no hay escenario ni micrófono y son hermosos porque han sido usados para llevar vida donde solo hay muerte.
Hoy no cruzamos desiertos de arena, pero atravesamos desiertos emocionales, culturales y espirituales. Caminamos entre rechazo, apatía, burlas, indiferencia y corazones endurecidos. Los pies hermosos de hoy son los del creyente que sigue amando cuando no es correspondido, que sigue anunciando a Cristo cuando nadie escucha, que sigue caminando aunque esté cansado.
Dios no está buscando pies perfectos, él está buscando pies disponibles. Tal vez tus pies estén cansados o heridos, y es probable que nadie los vea ni los honre. Pero en el Reino de Dios, cada paso dado en obediencia tiene valor eterno porque no serán coronados los pies más admirados, sino los que caminaron en obediencia hasta el final.
Dios te bendiga
Erika de Pirela
@erikadpirela


