EL UMBRAL DEL TIEMPO
El balance íntimo antes de diciembre
La llegada de Noviembre como antesala de diciembre exige cruzar un umbral invisible. Noviembre actúa como ese mar abierto y bisagra, la antesala silenciosa que nos sitúa en el filo exacto entre lo recorrido y lo por venir. Es el mes donde la urgencia operativa y la reflexión íntima se dan la mano, obligándonos a presentar cuentas claras ante nuestra propia conciencia.
Todo año es una obra en construcción. Al hacer inventario, surgen los logros consolidados con esfuerzo y sacrificio, pero también los logros no alcanzados. Lejos de ser fracasos definitivos, aquello que faltó nos enseña paciencia y resiliencia. En paralelo, los preparativos del hogar —pintar, ordenar, reparar— trascienden lo estético; son un ritual de limpieza psicológica para transformar la casa en un refugio de paz que reciba con dignidad los nuevos ciclos.
Esta antesala nos enfrenta al espejo de nuestros vínculos. Las Familias y amistades genuinas se reconfirman como un tesoro, mientras que las asperezas y desencuentros pierden peso específico. El verdadero crecimiento humano radica en soltar el rencor y liberar el alma.
Más allá de las listas de tareas, la pregunta más honda al filo de estos días es descarnada: ¿Cuánta satisfacción o qué vacíos nos dejan las semanas previas al cierre? Si impera la satisfacción, nace de la certeza del deber cumplido y la conciencia tranquila. Si asoman los vacíos, no deben temerse; son señales esenciales sobre ausencias o la necesidad de conectar genuinamente con nuestro propósito.
Que este tránsito nos encuentre no solo con los proyectos listos, sino con el alma dispuesta a transformar cualquier vacío en esperanza.
MSc Gilberto Hidalgo



