Las banderas de Venezuela se ondean sobre desde el estado Lara, pasando por Yaracuy y Carabobo hasta llegar al suelo caraqueño. Los pitos y las vuvuzelas estremecen la tranquilidad de un domingo por la tarde. Desde los carros saludan, gritan y tocan las cornetas. La esperanza ha vuelto. María Corina Machado regresó al país que dejó el pasado 9 de diciembre de 2025 para viajar a Oslo, capital de Noruega, y recibir el galardón con el que el Comité Noruego del Nobel de la Paz reconoció su defensa de los derechos democráticos de los venezolanos.
10 meses después, tal como prometió al partir, volvió. Con su retorno resurgió el fervor en las mismas calles que llenó durante la campaña presidencial de 2024. Hoy, aunque lidera la oposición sin cuotas de poder formal, el mandato popular es incuestionable: «María Corina presente, es nuestra presidente».
La ruta del reencuentro comenzó temprano este domingo 25 de octubre en el Santuario de la Divina Pastora, en Barquisimeto, donde hizo su primera aparición pública con un mensaje contundente: «Estoy aquí, con ustedes». De ahí, el trayecto apuntó hacia Caracas.
A las faldas del distribuidor Santa Mónica, en la Valle-Coche, cientos de seguidores la esperaron para acortar la distancia. Entre la multitud, Ada María García resumía el sentimiento colectivo en una frase: «Eres la mujer que le dio seguridad al país y te necesitamos. Tu pueblo necesita de esa heroína, de esa valentía que tienes tú para conducir los caminos de este país».
Ese pulso de calle también llega a los despachos internacionales. En Washington, consultado por la prensa en la Casa Blanca, el presidente estadounidense Donald Trump expresó su expectativa de que la líder opositora se encuentre a salvo. A su vez, el jefe de la diplomacia norteamericana, Marco Rubio, atribuyó este retorno como un resultado directo de la mesa de negociación entre el oficialismo y el sector opositor representado por la parlamentaria Dinorah Figuera.
«Trump, María es nuestra futura presidenta (….) esa mesa tenía que conducir a lo que ya está pautado en el tapete político: ¡Elecciones ya para el año que viene! No esperamos más, necesitamos los correctivos para que este país sea conducido política y jurídicamente».
Con las horas avanzando en el reloj, el epicentro de la jornada se desplazó hacia el este de la ciudad. En la Plaza Francia de Altamira, a Marlene Berroterán le colgaba al cuello una gran cadena; sobre su espalda, una bandera tricolor con sus siete estrellas.
«Hoy agarramos la calle y no nos sacarán, que la calle no calle», exige con firmeza. Para ella, acompañar este momento es la prueba de que el miedo cambió de bando.
«Apoyando a María Corina se nos quitó el miedo. Rompimos cadenas». Y remata: «Es nuestra líder, el símbolo de la lucha, de lo que quiere cada mujer y cada hogar hoy».
Sin embargo, la euforia convive de cerca con la prudencia. Muy cerca de allí, en los predios de la sede nacional de Vente Venezuela, que reabrió sus puertas en marzo tras el cierre forzado por la persecución postelectoral, la militancia evalúa el panorama con cautela.
La seguridad de Machado es la prioridad absoluta. Así lo resume un activista de la tolda azul en el sector Leoncio Martínez, quien prefirió el anonimato:
«Ya sabemos cómo es esta gente, han seguido metiendo presos a los nuestros de a poquito. Sí, los sueltan, pero eso no significa que no estemos perseguidos».
La calle celebra, grita y suena con fuerza, consciente de que el reencuentro marca un punto de inflexión, pero también de que el camino por transitar sigue sembrado de desafíos.
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