EL BUMERÁN GEOPOLITICO
La frustración de la oposición venezolana

Un antiguo refrán advierte que «quien escupe para arriba, en la cara le cae». En la política venezolana, este dicho describe el desenlace de los sectores radicales que promovieron intervenciones extranjeras, sanciones y bloqueos, creyendo que una potencia resolvería el conflicto interno a su favor.
La ilusión de un cambio impulsado desde Washington chocó de frente con las dinámicas de la geopolítica mundial. Las potencias actúan movidas por intereses propios —estratégicos y energéticos— y no por los requerimientos de élites locales. Tras la acción militar de Estados Unidos el pasado 3 de enero contra el presidente Nicolás Maduro, las posteriores decisiones de Washington no se tradujeron en la entrega directa del poder a la oposición. Al constatar que la agenda internacional sigue su propio curso y los deja al margen, la euforia inicial se transformó en un abierto resentimiento contra sus antiguos aliados externos.
Esta dependencia de la presión exterior dejó a dichos sectores sin iniciativa política ni construcción de fuerza propia en el terreno social. Su reacción actual —marcada por un discurso agresivo contra la administración estadounidense y el intento de reactivar la confrontación de calle al estilo de 2014— refleja un claro síntoma de agotamiento estratégico. Ante la falta de representatividad real en los canales de decisión, apelan nuevamente a la desestabilización para intentar forzar un protagonismo que perdieron.
El escenario actual demuestra que renunciar a la política interna para apostar a la tutela extranjera termina generando un efecto bumerán. Quienes promovieron medidas extremas terminaron marginados por la propia realidad que contribuyeron a crear, confirmando que en el tablero internacional los intermediarios locales suelen resultar prescindibles.
MSs Gilberto Hidalgo



