LA CULPA ES DE LA VACA
La polarización y la incapacidad de reconocer el beneficio común
Vivimos inmersos en una dinámica de constante crítica y cuestionamiento, movidos fundamentalmente por el desacuerdo con quien realiza el trabajo y desconociendo el beneficio real que se produce. Este fenómeno es el síntoma directo de una extremada polarización que ha invadido el debate público contemporáneo.
Bajo este esquema, la valoración de una acción ya no depende de sus resultados concretos ni del bienestar tangible que aporta a la comunidad, sino del sesgo de origen: la filiación, ideología o identidad del emisor. La conocida expresión «la culpa es de la vaca» adopta así un matiz perverso; no solo sirve para evadir responsabilidades, sino para deslegitimar el acierto ajeno. Se prefiere rechazar o invalidar una medida útil antes que admitir que el adversario ha generado un impacto positivo.
Esta invalidez a priori paraliza el desarrollo social. Cuando el sospechosismo permanente sustituye a la evaluación objetiva, la colectividad pierde. Reconocer el mérito de una política o proyecto provechoso, incluso cuando proviene de un sector opuesto, no implica rendición ideológica ni renuncia a las convicciones. Es, en cambio, un acto fundamental de madurez democrática.
Para construir una convivencia funcional, es urgente trascender la trampa de la polarización. Resulta indispensable mirar más allá del actor para valorar la obra, reconociendo el bienestar general por encima de cualquier trinchera política o desacuerdo personal.
Cita bibliográfica (APA 7.ª edición)
López, A. R. (2024). La trampa de la polarización: Sesgos de percepción y deslegitimación del bien común en el debate público. Editorial Pensamiento Crítico.
Por MSc Gilberto Hidalgo
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