EL PACTO DEL SILENCIO
Anarquía, corrupción y la ceguera elegida
Existe una tensión inevitable entre el colapso de las instituciones y la conducta del individuo en sociedad. Dos refranes populares sintetizan este dilema: «Donde impera la anarquía, existe una sociedad de cómplices» y «No hay peor ciego que aquel que no quiere ver». Frente a ambos, cabe preguntarse: ¿quién se reconoce como delincuente para sumarse a esa red de complicidad? ¿Y es esa ceguera un acto puramente involuntario?
La paradoja de la complicidad colectiva radica en que casi nadie en un entorno corroído se percibe a sí mismo como un criminal. La masa suele racionalizar la falta pequeña bajo el pretexto del pragmatismo o la supervivencia. Sin embargo, el quiebre más profundo de este pacto no ocurre en la ciudadanía, sino en la complicidad silente de los organismos de seguridad.
Cuando quienes están investidos de la potestad legal para resguardar el orden prefieren hacerse de la vista gorda por interés propio, la complicidad trasciende la falta moral y se convierte en corrupción institucionalizada. La anarquía deja de ser un caos espontáneo y pasa a ser un negocio rentable, donde la impunidad se negocia y la autoridad se somete al beneficio personal.
Por su parte, la ceguera es, en su inmensa mayoría, una decisión consciente. Para el ciudadano común, ignorar la falta ajena es un refugio para evitar el conflicto; para el funcionario público, la ceguera deliberada es la omisión calculada que garantiza dividendos o evita represalias dentro de la estructura. Ver exigiría asumir el costo ético del deber ser, denunciar y restaurar el principio de autoridad.
Ambas dinámicas se alimentan recíprocamente: la ceguera voluntaria es el lubricante que sostiene la sociedad de cómplices. Mientras el interés propio y la impunidad prevalezcan sobre la vocación de servicio y la rectitud institucional, la anarquía continuará encontrando en el silencio su mejor garantía de permanencia.
《Mientras el interés propio y la impunidad prevalezcan sobre la vocación de servicio y la rectitud institucional, la anarquía continuará encontrando en el silencio su mejor garantía de permanencia. Pues, como bien advierte el dicho: «Donde la ley calla y el custodio simula, la anarquía gobierna y la patria se anula》
MSs Gilberto Hidalgo



