13 Sep 2026, Dom

El beisbol moderno de las Grandes Ligas sigue perdiendo el pudor, y lo ocurrido a lo largo del pasado mes de agosto confirma una tendencia tan cómoda como bochornosa para el espectáculo: la normalización de los jugadores de posición subidos a la lomita en juegos abiertos de un solo lado. Vi a los Marineros de Seattle enviar a la lomita al venezolano Leo Rivas, un campocorto natural, a la lomita el 18 de agosto perdiendo 13X0 ante los Cerveceros de Milwaukee. Si hubieran decretado el «nocout» el choque habría terminado así, pero no… a Rivas le hicieron 9 carreras en un inning, con 9 hits, un jonrón, y una base por bolas. El día 23 de agosto al propio Seattle los Cachorros de Chicago humillaron 19X2 y los marineros llevaron al montículo al jardinero Weston Wilson para el noveno acto. Le fue «bien» porque apenas le dieron 5 hits y le fabricaron tres carreras.

En una de las series más esperadas y seguidas, Yanquis – Boston. El 30 de agosto perdía Medias Rojas 1X11 y Boston trajo a lanzar al infielder venezolano Andrew Monasterio, a quien en dos tercios de inning (dos outs), dio tres boletos, le dieron tres imparables y le anotaron 5 carreras. Esos son solo tres de los encuentros en los que hubo una «práctica de bateo» en el último inning; porque hubo otros juegos más. En tantos años cubriendo los juegos de las Grandes Ligas no había visto tantas de estas malas decisiones de mánagers, ganando o perdiendo. Alegan darle descanso a sus relevistas.

Considero que sería mucho menos desagradable que de una vez por todas las Grandes Ligas acepten la «regla del nocout»
​Cuando los pizarrones se abren con ventajas escandalosas, la prioridad de los mánagers ya no es competir ni preservar la dignidad de la pizarra, sino simplemente consumir outs con jugadores que no son lanzadores.

Ver a esos equipos diferentes en cuestión de semanas recurrir a jardineros o infielders para lanzar globos a 55 millas por hora —mientras reciben una paliza de batazos y cuadrangulares— es una falta de respeto al aficionado que paga un boleto y al legado histórico de este deporte.

Se argumenta con frialdad analítica que el bullpen necesita descanso y que las reglas actuales facilitan estas decisiones pragmáticas. Pero el béisbol no es una hoja de Excel ni un ejercicio puramente matemático de administración de recursos. Al convertir el noveno inning (y a veces el octavo) de una paliza en un entrenamiento de práctica de bateo con un infielder disfrazado de lanzador, se devalúa la competencia oficial.

El montículo de las Grandes Ligas solía ser un espacio sagrado de máxima exigencia; hoy, bajo el pretexto de cuidar brazos, se ha transformado en un terreno de broma donde se toleran ofensas al juego limpio. Los equipos que recurren a esta medida sin pudor erosionan la esencia misma del duelo entre lanzador y bateador, transformando el diamante en una triste cascarita de fin de semana.

Hasta nuestra próxima entrega.

Edgar Leal Suárez

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