30 Jul 2026, Jue

Las expresiones de las personas

Si hay algo que caracteriza al ser humano es poder expresar, no solo sus pensamientos sino también sus sentimientos. Cuando leemos el Evangelio de Marcos 1:29-39 encontramos una variedad de expresiones de cada una de las personas que el texto va nombrando. Pero hay un hilo que inicia y termina las narraciones de estos versículos.

Cuando la suegra de Pedro se enfermó, estaba postrada con fiebre; y, aunque no era un mal leve para que estuviera en cama, debió ser una fiebre intensa, debilitante; seguramente resistente a los remedios disponibles en aquel tiempo. Pero cuando le hablan a Jesús de ella, Él se acerca, la toma de la mano y la levanta. La Escritura dice que inmediatamente la fiebre la dejó. (Marcos 1:29-31), pero lo más sorprendente ocurrió después: la mujer, ya restaurada, comenzó a servirles. La sanidad no terminó en alivio personal; se transformó en servicio espontáneo.

Sin duda, este fue un milagro; el segundo que realiza Jesús narrado en ese Evangelio de Marcos. Cuando hablamos de milagros en los evangelios, solemos fijar nuestra mirada en Jesús, el maestro y sanador. Sin embargo, ¡qué importante resulta no descuidar sus gestos y especialmente tratar de no cerrar la puerta que el mismo Jesús abrió cuando decidió que su misión era “tocar” y perder el temor de acercarse a las personas, especialmente a aquellas en las que, como la suegra de Simón Pedro, habitaba una dolencia!

El texto nos da otros datos, porque en esa ciudad había muchos enfermos y hasta posesiones demoníacas. El evangelio narra que cuando atardeció, se acercó la gente a Jesús con todos sus enfermos y endemoniados, y Jesús los sanó. Capernaúm era una sociedad enferma, y si hoy miramos a nuestro alrededor, nos encontramos con situaciones similares; la mayoría de nuestros espacios sociales están enfermos y cada uno de nosotros somos parte de ellos. Enfermedades físicas, psicológicas y emocionales.

En ese entonces no había hospitales; los enfermos estaban en las casas y aunque en la actualidad sí hay hospitales y diversos centros de salud, la novedad es que siempre están llenos. En aquellos tiempos y en los actuales, la enfermedad es un síntoma del tipo de sociedades que hemos formado los seres humanos.

Hoy Jesús sigue levantando personas: levanta corazones quebrados, restaura almas cansadas y sana vidas que parecían perdidas. Pero su obra en nosotros tiene un propósito claro: que nuestras manos vuelvan a servirle.

Si el Señor ya te levantó, no olvides para qué lo hizo. La sanidad que recibiste no es el final de la historia… es el comienzo de una vida dedicada a servir a Cristo.

Dios te bendiga

Erika de Pirela
erikadpirela@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *