12 Jun 2026, Vie

Su gracia es mayor

En las lápidas de los cementerios siempre vemos la fecha de nacimiento y la fecha de fallecimiento del difunto, pero hay algo interesante en el guión que hay entre estas dos fechas. Muchas personas creen que Dios les recibirá en el cielo, «porque fueron buenos padres, buenos hijos, buenos esposos» o porque «siempre hicieron el bien»; sin embargo, si esto fuera así, entonces «¿Dónde queda lo que hizo Jesús en la cruz del Calvario?»

En la Biblia leemos, en Juan 3:16 al 18, lo que el Señor nos dice que tenemos que hacer para ir al cielo.
Muchas veces el ser humano quiere «hacer algo» para sentirse digno de Dios, pero la Palabra de Dios nos dice que la salvación es sólo por gracia. No importa cuánto nos esforcemos, nunca podremos ganarnos el cielo con nuestras propias fuerzas. Dios nos amó tanto que envió a su Hijo para que, a través de la fe en Él, tengamos vida eterna. Es por gracia; no es por obras, pero entonces, ¿Qué es la gracia? La respuesta nos arroja una verdad muy malentendida por mucha gente y muy ignorada por el resto.

La Biblia dice que somos salvos por gracia (Ef 2:8-9) y la gracia de Dios se expresa en su perdón por nuestros pecados, y sus bendiciones para nosotros incluyen paz y plenitud en esta vida y, en la venidera. Pablo nos recuerda que la salvación es un regalo de Dios, recibido por gracia mediante la fe, que no es algo que podamos ganar con nuestros propios méritos o buenas obras, sino que es el resultado del amor inmenso de Dios manifestado a través de Cristo. Esta verdad nos libera de la carga de tratar de «ganarnos» el cielo.

La gracia es una bendición que recibimos sin merecerla; si la ganamos o la compramos no es gracia, si la merecemos no es gracia. Es un regalo que muestra la generosidad y el amor de Dios, quien la da y no tiene nada que ver con lo que merece quien la recibe; la gracia aparece en toda la Biblia, pero se presentó al mundo en la persona de Jesucristo.

En otras palabras, la gracia es un regalo inmerecido, el perdón de todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros a través de la aceptación de Jesucristo como único Salvador, y quien murió en la cruz; justamente para que quien creyera en Él sus pecados le sean perdonados.

La gracia es recibir el regalo que no merecemos, y la misericordia es no recibir el castigo que sí merecemos. Somos salvados por gracia de principio a fin.
La gracia no es Dios haciendo el 95% o incluso el 99.9%, y nosotros cubriendo la diferencia. La gracia es Dios haciendo el 100% y nuestra humilde aceptación de ella, reconociendo que somos indignos y no tenemos nada que contribuir.

«Sublime Gracia del Señor. Que a un infeliz salvó. Fui ciego, más hoy miro yo, perdido y Él me halló»:
Himno «Sublime gracia»

Dios te bendiga

Erika de Pirela
erikadpirela@gmail.com