20 Oct 2026, Mar

En Israel, los ciervos son del tamaño de las cabras monteses y actúan de forma similar. Sus torsos compactos, sus largas y delgadas patas así como sus pezuñas hendidas les permiten mantener el equilibrio en los pequeños salientes de las montañas, mientras que sus potentes saltos y su grácil equilibrio les permiten escalar escarpadas pendientes en cuestión de segundos. Así pues, los ciervos representan la capacidad de moverse con rapidez en terrenos difíciles.

David y Habacuc utilizaron la imagen de este animal para expresar su confianza en que Dios los elevaría por encima del peligro y les daría la fuerza necesaria para escapar de sus enemigos. Ellos no confiaban en su propio poder, sino en la fuerza de Dios para sostenerlos y preservarlos «Quien hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firme sobre mis alturas; (Sal 18:33); «Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar. (Hab 3:19).

Ambos, porque tanto David como Habacuc, describían tiempos de peligro; sin embargo, ambos autores sabían que Dios era un Dios justo que rescataba a su pueblo en el momento perfecto. Ellos sabían que Dios les daría la capacidad de mantenerse firmes; así como una cierva se para en acantilados rocosos fuera del alcance de depredadores, ellos confiaban en que Dios los colocaría en lugares altos, lejos del peligro, fuera del alcance de sus enemigos. David y Habacuc comprendieron su necesidad de la protección de Dios y lo reconocieron como su única esperanza.

Muchas veces quisiéramos caminar por terrenos llanos, donde nuestros pasos sean seguros, donde no haya obstáculos y donde avanzar no nos cueste demasiado. Pero la realidad es que no siempre será así. Hay temporadas en las que el camino se vuelve empinado, el terreno parece inestable y las montañas que tenemos delante nos hacen preguntarnos si tendremos las fuerzas necesarias para continuar. Es ahí donde precisamos que Dios prepare nuestros pies porque no solamente es necesario aprender a caminar cuando todo está bien; también lo es cuando la vida se vuelve difícil.

Necesitamos una fe que no pierda el equilibrio cuando llegan las malas noticias, cuando enfrentamos una enfermedad, cuando atravesamos pérdidas o cuando las circunstancias nos llevan por caminos que jamás hubiéramos escogido.

Tener pies como los de las ciervas no significa que nunca sentiremos miedo, que jamás tropezaremos o que las montañas desaparecerán delante de nosotros. Significa aprender a depender de Dios para avanzar aún cuando el terreno sea difícil y confiar en que Él puede darnos la fortaleza, la sabiduría y la firmeza que necesitamos para dar el siguiente paso porque hay montañas que no podremos evitar, valles que tendremos que atravesar y temporadas en las que avanzar un solo paso requerirá toda nuestra fe. Pero no tenemos que enfrentar esos caminos dependiendo únicamente de nuestras propias fuerzas. Quizás Dios no siempre cambie el terreno por el que caminamos, pero sí puede enseñarnos a caminar de una manera diferente.

No pidamos al Señor solamente caminos fáciles. Pidámosle que fortalezca nuestros pies, que afirme nuestros pasos; que nos enseñe a caminar con confianza tanto en los días tranquilos como en los días de mayor dificultad; que haga nuestros pies como los de las ciervas; que nos prepare para los terrenos que todavía no conocemos; que nos dé firmeza para las montañas que tendremos que escalar y nos enseñe a confiar en Él cuando no podamos ver cómo llegaremos al otro lado. Que nuestra fe no dependa de lo fácil que sea el camino, sino de la confianza que tenemos en Dios mientras lo recorremos.

No se trata de vivir sin montañas, sino de aprender a caminar sobre ellas de la mano de Dios.

Dios te bendiga

Erika Belloso de Pirela

@erikadpirela

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