4 Nov 2026, Mié

En el lenguaje bíblico, “necio” no significa necesariamente una persona con poca inteligencia. El término describe a alguien que, moral y espiritualmente, rechaza a Dios como autoridad de su vida.

La expresión “dice el necio en su corazón” (Sal 53:1) NO necesariamente está hablando de alguien que públicamente afirma que Dios no existe. De hecho, se refiere a una persona que, en la práctica, vive como si Dios no existiera. Es decir que el ateísmo que denuncia el salmo no es solamente una posición intelectual sino también puede ser una actitud práctica de independencia de Dios.

Pero, ¿Puede haber “necios” entre quienes se llaman cristianos? En el sentido práctico que presenta el Salmo 53, sí; pero no necesariamente porque un cristiano diga verbalmente que Dios no existe, sino porque puede profesar creer en Dios mientras organiza su vida ignorando la Voluntad de Dios, viviendo deliberadamente contra los principios del Señor; habla de fe, pero toma decisiones sin considerar a Dios; conoce la Biblia, pero no permite que transforme su carácter; profesa a Cristo, pero coloca el dinero, el poder, el placer o el reconocimiento por encima de Él; defiende doctrinas correctas, pero trata injustamente a otras personas.

Esto sólo demuestra una total contradicción entre fe y conducta y, en ese sentido, puede existir un “ateísmo práctico” dentro de una persona que se identifica como cristiana. Jesús mismo señaló “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46)

En el libro de los Proverbios, la necedad se presenta como una actitud de autosuficiencia y desprecio por la corrección (Pr 28:26). Observemos cómo se conduce la gente. Se levantan y comienzan sus actividades sin agradecer a Dios ni pensar en todos sus beneficios. Se sientan a comer sin el más mínimo reconocimiento de gratitud. Trazan sus planes y toman sus decisiones sin importarles nada más que lo conveniente y si tienen que hacer alguna transgresión, la hacen sin el más mínimo temor a Dios. Para ellos es como si Dios no existiera.

Entonces, el problema no está solamente en lo que creemos, sino en cómo vivimos. La negación de Dios produce consecuencias éticas. Por eso, la pregunta que el salmo nos hace como creyentes no es solamente si creemos que Dios existe, sino
si nuestra manera de vivir demuestra que realmente creemos que Dios existe. La conducta no nos salva (la salvación es por gracia), pero una fe genuina produce una transformación visible en la vida.

La verdadera fe no consiste únicamente en afirmar que Dios existe, sino en permitir que su existencia transforme nuestra manera de pensar, de decidir y de vivir.

Dios te bendiga

Erika Belloso de Pirela
@erikadpirela

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