27 Oct 2026, Mar

Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz. (Salmos 55:17)

​En el libro de Eclesiastés se nos enseña que todo tiene su tiempo; hay tiempo de reír y tiempo de llorar; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado… Pero hay algo que en la Biblia se nos enseña que debemos hacer todo el tiempo: ORAR.

​En el texto base de hoy, vemos cómo el salmista David dice que oraría al Señor durante todo el día, y lo hacía con la seguridad de que el Señor le oiría y respondería su clamor.

​Esto no era algo exclusivo de David, ya que el apóstol Pablo nos exhorta, imperativamente en varias de sus cartas, a orar siempre.

​Efesios 6:18: Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

​1era de Tesalonicenses 5:17: Orad sin cesar.

​Colosenses 4:2: Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.

​Cuando no cumplimos con nuestro deber de orar en todo tiempo y ser constantes en la oración, le decimos al Señor que somos autosuficientes, que no le necesitamos, y sin duda esto es una necedad. Pero cuando oramos constantemente, estamos reconociendo nuestra dependencia absoluta del Señor y de su poder; reconocemos que sin su ayuda y dirección no somos nada, que estaríamos perdidos como un barco en alta mar, sin brújula, sin timón y sin faro.

​No hay un creyente tan poderoso que pueda vivir sin orar, ni tan débil que no tenga fuerza para hacerlo. Todo creyente debe sentir la necesidad de orar siempre y no desmayar (Lucas 18:1).

​¡No podemos descuidar la oración!
Oremos siempre con la confianza de que Dios oirá y responderá (según su voluntad).

​Pastor Miguel A. Moreno

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