ENTRE LA DOCTRINA REPUBLICANA Y LA FRACTURA ÉTICA
Reflexión Epistemológica y Psicosocial sobre el Sistema Policial Venezolano
El sistema policial en Venezuela atraviesa una severa tensión entre su marco doctrinario y la praxis cotidiana. Mientras el país enfrenta un complejo escenario sociopolítico marcado por el asedio geopolítico externo —fase que exigiría de las instituciones la máxima cohesión ética y moral—, emergen con preocupación conductas que atentan contra el deber ser: extorsiones, abusos de autoridad, secuestros y violaciones a los derechos humanos.
Comprender esta brecha requiere un análisis multidimensional que articule la perspectiva epistemológica con la psicosocial.
En el plano epistemológico, existe un choque de paradigmas. El proceso histórico de profesionalización policial —consolidado institucionalmente a través de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES)— diseñó una doctrina humanista, civil y orientada a la seguridad ciudadana. Sin embargo, en la operatividad de calle se ha infiltrado una epistemología bélica. Al trasplantar la lógica del enemigo al ámbito urbano, la presunción de inocencia es sustituida por la sospecha sistémica. La función policial se desvía de su propósito tutelar para convertirse, en algunos casos, en un mecanismo de coerción y extracción de renta.
En el plano psicosocial, estas desviaciones no son hechos aislados, sino síntomas de una anomia estructural. La disonancia entre el discurso épico de la vanguardia profesional y la vulnerabilidad material cotidiana favorece la producción de reglas informales de subsistencia. En este entorno, la exposición continua a la violencia erosiona la empatía y favorece la desensibilización del funcionario hacia el ciudadano. El resultado es la quiebra de la confianza intersubjetiva entre la comunidad y los cuerpos de seguridad, resquebrajando el tejido social.
Como bien advertía el pensamiento crítico venezolano al denunciar la «sociedad de cómplices», la degradación de las instituciones se consolida cuando la arbitrariedad se normaliza por el silencio o la resignación colectiva. En el momento histórico actual, la verdadera defensa de la soberanía no se libra únicamente en el plano externo; exige un bastión ético interno inquebrantable.
Superar esta crisis no es cuestión de simple equipamiento táctico, sino de una reestructuración profunda. Se requiere restaurar la perspectiva garantista de la función policial, fortalecer los mecanismos de auditoría e impunidad cero, y dignificar de manera integral al funcionario. La autoridad del Estado no radica en la fuerza bruta, sino en la legitimidad moral y en el respeto irrestricto a la dignidad humana.
MSs Gilberto Hidalgo



