» NUMEROS QUE SANGRAN
La fría matemática de la indiferencia»
Experimentamos un proceso de des-senbilidad inconsciente, que no es una simple pérdida de empatía pasajera, sino un proceso estructural de reificación o cosificación: la transformación del ser humano (con su dolor, su singularidad y su subjetividad) en una cifra, un dato o una variable en una ecuación de costo-beneficio.
Hoy presento un análisis sobre este creciente fenómeno, en donde podemos examinar cómo se manifiesta en la vida moderna a través de distintos marcos de pensamiento y dimensiones sociales:
Vivimos en una época hiperconectada, pero profundamente anestesiada. Lo que hace unas décadas habría provocado indignación colectiva, hoy se procesa en cuestión de segundos como una cifra más en la pantalla de un teléfono. Nos hemos adentrado en una era donde la condición humana —con su dolor, su vulnerabilidad y su singularidad— ha sido absorbida por el lenguaje de las estadísticas, los volúmenes y la evaluación de impacto.
Desde la perspectiva filosófica, este fenómeno no es fortuito. Autores de la Escuela de Fráncfort advirtieron sobre los peligros de la «razón instrumental»: una forma de pensar que valora las cosas —y a las personas— únicamente por su utilidad, rendimiento o costo-beneficio. Como señaló Immanuel Kant, las cosas tienen precio, pero las personas tienen dignidad. Sin embargo, en la dinámica contemporánea, el valor intrínseco de la vida parece haberse evaporado ante la frialdad de los datos.
Esta deshumanización impregna todas las capas de la sociedad. En la política, la tragedia de los desplazados o las víctimas de la violencia se reduce a «costo político» o «daño colateral». En la4 economía, la existencia se clasifica en términos de «capital humano» o niveles de consumo; si una vida no produce o resulta costosa para el sistema, pasa a ser prescindible. Incluso en los ámbitos social y religioso, corremos el riesgo de burocratizar el cuidado del otro, transformando la comunidad en meros índices de asistencia o registros estadísticos.
Para el filósofo Emmanuel Levinas, la ética nace al contemplar el rostro del otro, pues en esa mirada directa surge el mandato de no dejar al prójimo abandonado en su dolor. La saturación mediática y el algoritmo han destruido ese encuentro: interponen gráficos y pantallas entre nosotros y la realidad, blindándonos contra la compasión y generando la llamada fatiga de la compasión.
Resistir a esta insensibilidad creciente exige una postura ética deliberada. Requiere recordar que cada número en una noticia es un nombre, una historia y un universo irrepetible. La sensibilidad no es una fragilidad ni un adorno moral, sino la manifestación más alta de lucidez humana. Recuperar la capacidad de conmovernos ante el sufrimiento ajeno es, hoy más que nunca, un acto imprescindible de resistencia social.
MSs Gilberto Hidalgo



