28 Sep 2026, Lun

​EL PACTO DEL SILENCIO
Anarquía, corrupción y la ceguera elegida

Existe una tensión inevitable entre el colapso de las instituciones y la conducta del individuo en sociedad. Dos refranes populares sintetizan este dilema: «Donde impera la anarquía, existe una sociedad de cómplices» y «No hay peor ciego que aquel que no quiere ver». Frente a ambos, cabe preguntarse: ¿quién se reconoce como delincuente para sumarse a esa red de complicidad? ¿Y es esa ceguera un acto puramente involuntario?
​La paradoja de la complicidad colectiva radica en que casi nadie en un entorno corroído se percibe a sí mismo como un criminal. La masa suele racionalizar la falta pequeña bajo el pretexto del pragmatismo o la supervivencia. Sin embargo, el quiebre más profundo de este pacto no ocurre en la ciudadanía, sino en la complicidad silente de los organismos de seguridad.
​Cuando quienes están investidos de la potestad legal para resguardar el orden prefieren hacerse de la vista gorda por interés propio, la complicidad trasciende la falta moral y se convierte en corrupción institucionalizada. La anarquía deja de ser un caos espontáneo y pasa a ser un negocio rentable, donde la impunidad se negocia y la autoridad se somete al beneficio personal.
​Por su parte, la ceguera es, en su inmensa mayoría, una decisión consciente. Para el ciudadano común, ignorar la falta ajena es un refugio para evitar el conflicto; para el funcionario público, la ceguera deliberada es la omisión calculada que garantiza dividendos o evita represalias dentro de la estructura. Ver exigiría asumir el costo ético del deber ser, denunciar y restaurar el principio de autoridad.
​Ambas dinámicas se alimentan recíprocamente: la ceguera voluntaria es el lubricante que sostiene la sociedad de cómplices. Mientras el interés propio y la impunidad prevalezcan sobre la vocación de servicio y la rectitud institucional, la anarquía continuará encontrando en el silencio su mejor garantía de permanencia.

《Mientras el interés propio y la impunidad prevalezcan sobre la vocación de servicio y la rectitud institucional, la anarquía continuará encontrando en el silencio su mejor garantía de permanencia. Pues, como bien advierte el dicho: «Donde la ley calla y el custodio simula, la anarquía gobierna y la patria se anula》

MSs Gilberto Hidalgo

gilbertohidalgo2@hotmail.com

gilbertohidalgo2@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *