El anuncio de Delcy Rodríguez en el Foro Mundial de la Alimentación suena ambicioso: lanzar el Plan Venezuela Alimenta y aspirar a que el país vuelva a alcanzar niveles compatibles con el “hambre cero” antes de 2030. Pero, frente a la crisis que atraviesan los venezolanos, la pregunta no es cuán atractivo resulta el lema, sino cuánto hay de realidad y cuánto de propaganda. Resaltando que es una propuesta de una encargada de administrar la república hasta lograr unas elecciones que logren consolidar una bonanza como gobierno legal y elegido por el pueblo.
Hablar de acabar con el hambre mientras millones de familias enfrentan dificultades para comprar alimentos no resuelve el problema. Y anunciar una nueva ley tampoco garantiza que habrá comida suficiente, accesible y de calidad. Las leyes y los planes pueden ser necesarios, pero solo tienen valor cuando se traducen en producción sostenida, salarios que alcancen, servicios públicos funcionales y políticas que puedan ser evaluadas por la ciudadanía.
Rodríguez también presentó ante la FAO una explicación de la crisis que atribuye parte de la contracción económica a la confrontación política y a las sanciones. Es legítimo discutir el impacto de esas medidas, pero convertirlas en explicación total deja preguntas incómodas sin responder: ¿qué responsabilidad tienen las decisiones económicas del Gobierno?, ¿qué resultados concretos han tenido sus políticas agroalimentarias?, ¿cómo se medirá el avance hacia el hambre cero y quién verificará las cifras?
Por eso, más que repetir que Venezuela está cerca de superar el hambre, el Gobierno debería presentar datos verificables: cuántas personas padecen inseguridad alimentaria, cuánto cuesta la canasta básica, qué metas tendrá el plan, de dónde saldrán sus recursos y cómo se fiscalizará su ejecución. Sin transparencia, los anuncios corren el riesgo de convertirse en promesas difíciles de distinguir de las declaraciones propagandísticas que tantas veces han chocado con la vida cotidiana estos últimos 27 años.
El país tiene problemas urgentes que no pueden quedar desplazados por una puesta en escena internacional: familias que no logran cubrir sus necesidades, productores que requieren condiciones para trabajar y comunidades que necesitan servicios básicos. En ese contexto, prometer “hambre cero” sin explicar cómo se alcanzará no es una respuesta suficiente. La población necesita menos consignas y más resultados. Si las palabras pronunciadas en Roma describen una realidad, el Gobierno debe demostrarlo con cifras independientes y mejoras visibles en la mesa de los venezolanos. Si no puede hacerlo, la promesa de hambre cero será otro anuncio grandilocuente frente a una crisis que sigue esperando soluciones.
Cuando se pronuncian “pomposos discurso” del estilo de Roma por la encargada Delcy Rodríguez. Es atribuirle a un pueblo de una escasa capacidad de razonarlo. Venezuela hoy por hoy, sucumbe en una crisis social, económica, industrial, eléctrica, agro industrial y pecuaria, entre muchas más, en la cuales para el 2030 no se lograría vislumbrar respuesta alguna con un régimen que no es legalmente elegido por unas elecciones, esto presupone que su presencia esta sostenida por un lapso intrascendente en la vida del País
Dr. José Ernesto Pons Briñez/@JosePonsB
“El dinero rinde, cuando no se lo roban” N. Bukele



