4 Oct 2026, Dom

Álvaro Díaz Arrieta, Premio Nacional de Periodismo ACORD Colombia

Esta es la memoria viva del periodismo deportivo de Montería al lado del ex campeón del mundo Miguel «Happy» Lora: sus vicisitudes, anécdotas, alegrías, tristezas y grandes satisfacciones.

Corrían los años ochenta y el boxeo profesional en Montería experimentaba un auge extraordinario. En ese contexto nació Gong Espectáculos, una empresa liderada por Hugo Iguarán Cotés con la misión de respaldar a una pléyade de jóvenes prospectos cuya figura descollante era, sin duda, un jovencísimo «Happy» Lora.

Por aquel entonces, Montería era una capital emergente que despuntaba al ritmo del Río Sinú un río limpio y apacible. Sus habitantes disfrutaban de una paz natural y de un ambiente entrañable, ajenos a la descomposición de los tiempos recientes, en una urbe habitada casi exclusivamente por monterianos y uno que otro forastero.

Bajo la tutela de Gong Espectáculos y la guía del doctor Iguarán, comenzó a forjarse una camada excepcional de púgiles: Luis Tapias, Nicanor Camacho, Luis Rivera, Bernardino Rubio, Javier Brown, Juan González y el propio «Happy» Lora. Casi todos venían de consagrarse como campeones nacionales en el ámbito amateur y sobre sus hombros pesaba la promesa de dar grandes batallas en el profesionalismo, una profecía que terminarían cumpliendo al pie de la letra.

De forma paralela, el periodismo especializado remaba en la misma dirección: sacar adelante la disciplina y convertir a Montería en la primera plaza boxística del país. Voces insignes como Leal Torres, Álvaro Berrocal, Luis Bula, Luis Agresot, Oswaldo López Castellar y Enrique Avilés convirtieron sus programas en verdaderas tribunas para el debate y la pasión. La efervescencia de sus comentarios hacía que la afición abarrotara el viejo Coliseo de la Circunvalar.

Los vientos de gloria que soplaban en la capital cordobesa comenzaron a estremecer los cimientos de la crónica especializada en Cartagena. Desde su célebre programa Aquí los deportes, Melanio Porto, con su arraigado e intrínseco cartagenerismo, no digería las derrotas de sus boxeadores a manos de los nuevos valores del Sinú. Lo mismo le ocurría a Pepe Molina en _Pepe6 Molina y los deportes. Ante la evidencia, ambos tuvieron que rendirse a la realidad y viajar a Montería, una ciudad a la que hasta entonces consideraban provincia y que hoy, como diría la generación de relevo integrada por Walberto Ahumedo, Eugenio Baena y el siempre recursivo Freddy Jinete, no cambiarían por ninguna otra.

Sin embargo, cuando la carrera de «Happy» Lora apenas despuntaba, sobrevino la incertidumbre: una antigua lesión en sus nudillos lo obligó a anunciar un retiro prematuro. En medio del receso, su hermano Pacho le consiguió un puesto en la Gobernación durante la administración del doctor Zapateiro. Mientras tanto, desde las entrañas del barrio La Granja, emergían dos grandes prospectos del boxeo aficionado para mantener viva la esperanza popular: Felipe Julio y Amancio Castro, los recordados hijos de doña Susana.

Con «Happy» al margen, la plaza necesitaba con urgencia un nuevo ídolo que mantuviera encendida la llama de la afición. El promotor Hugo Iguarán aguardaba con angustia el diagnóstico de los ortopedistas en Medellín, anhelando una luz que salvara la carrera del brillante prospecto. Las noticias no eran alentadoras: el distinguido galeno Hernán Gómez Pineda presagiaba con escepticismo que la derecha de Lora pudiera volver a golpear con potencia.

Fue en esa coyuntura cuando irrumpió un nuevo promotor en la escena local: Evelio Torres. A su lado estaba Álvaro Díaz Arrieta, heredero de los conocimientos de su padre, don Pedro Díaz Castilla primer promotor de boxeo en Montería y concertador de aquella histórica pelea en el Circo Teatro Variedades entre el panameño Kid Leonard y Zenón Vellojín. Juntos fundaron «Gato Publicidad», firma promotora que adoptó como figura estelar al aguerrido Luis Tapias.

En los micrófonos de Tribuna Deportiva, Leal Torres hacía una pausa en sus encendidas controversias de béisbol con el «Apóstol del Bajo Sinú» y, entre risas, le advertía a Caraballo que no lo confundiera con Rasputín o Richelieu influyendo en la política rusa, recordándole que él era Leal Torres, inspector de policía. Acto seguido, lanzaba a los cuatro vientos la noticia sobre el nacimiento de Gato Publicidad y anunciaba su velada inaugural: el electrizante combate entre Luis Tapias y el porteño Ricardo Estupiñán.

Hasta la próxima.
Álvaro Díaz Ariieta, Narrador del Caribe

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