29 Jul 2026, Mié

Del sueño a la pesadilla: El bache que frenó en seco a los Marlins de Miami, que llegaron anoche (domingo 26 de julio) a establecer un récord negativo para la franquicia de 12 derrotas seguidas.
El béisbol es un deporte implacable, en el que las inercias cambian en un abrir y cerrar de ojos. Lo que hace unas semanas olía a ilusión desbordada y a un ritmo constante en la División Este de la Liga Nacional, hoy se ha transformado en un llamado de urgencia en el cuartel general del equipo del sur de la Florida. Los Marlins de Miami atraviesan por un momento sumamente delicado que ha encendido las alarmas en las oficinas del equipo en el estadio «loanDepot Park», de aquí, la ciudad de Miami.
El contraste de la realidad
Sin intenciones de hablar de nombres o números, porque no ha sido mi estilo, y considerando que la memoria colectiva del aficionado aún recuerda con nitidez cuando el equipo coqueteaba con una estabilidad sumamente prometedora, luciendo un respetable récord de 52 victorias y 42 derrotas hasta este pasado 9 de julio, debo señalar que ese récord reflejaba un rendimiento colectivo sólido, una rotación capaz de competir ante cualquiera y la sensación inminente de que los peces se consolidaban firmemente en la pelea dentro del viejo circuito.
Sin embargo, el asfalto de la temporada regular suele pasar factura cuando los baches colectivos se prolongan, lo que ha sucedido con los Marlins. Tras una racha sumamente negativa que ha golpeado con fuerza al club, el panorama dio un giro drástico: la foja actual marca un preocupante 52-54.
La pregunta obligada es ¿Qué se quebró en el camino?
Cuando un equipo cae en una dinámica adversa de esta magnitud, los factores suelen multiplicarse. En el caso de los Marlins, el bajón no solo se traduce en la columna de derrotas, sino en la pérdida de esa chispa inicial que caracterizaba tanto a la ofensiva como al cuerpo de relevistas en los momentos apremiantes, especialmente estos brazos, que han sido una de las razones de esta caída. A esto le quiero sumar las desatenciones en los fundamentos de juego, la falta de batazos oportunos con corredores en posición anotadora y un bullpen, ese al que hice referencias, que ha sufrido desgaste y cansancio en sus brazos, algo que indudablemente ha conspirado para que la balanza se incline al lado de las victorias.
En la ciudad de Miami vivimos, al momento de comenzar esta racha adversa, un idilio con el deporte por lo que representaron los juegos del pasado Mundial de Fútbol en el «Hard Rock Stadium», especialmente en los juegos de la parte final del evento; por eso no había mucho «ruido» con cada derrota que se iba sumando en el equipo que dirige Clayton McCullough. Pero después de ese idilio caemos en la realidad del equipo local. es que en una división tan competitiva como el este de la Liga Nacional, ceder terreno de esta manera es un lujo prohibido. La diferencia entre mantenerse a flote en la zona de postemporada o empezar a ver los puestos de clasificación como una quimera, radica precisamente en la capacidad de reacción ante la adversidad.
Hora de despertar
En estas fechas en las que surgen varios cambios de jugadores para nuevos equipos, los Marlins parecían, aunque sonará como un «espíritu optimista», una organización de las llamadas compradoras, pero ya con récord negativo, las dudas me empiezan a saltar por mi mente. La buena noticia —si es que puede buscarse un bálsamo en medio de la tormenta— es que el calendario aún otorga margen de maniobra, pero el tiempo de los lamentos se ha agotado. No sabemos si el equipo va a salir de sus piezas rendidoras, que más temprano que tarde «hincharán» el presupuesto del equipo, porque ante tanta calidad, sus sueldos deberán ser altos; o si van a arriesgarse a comprar una o dos piezas que enrumben a esta novena. Si vemos la tabla de posiciones nos daremos cuenta de que, a pesar de este gran bache histórico, Miami está apenas a 10.5 juegos de los Bravos de Atlanta, que lideran la zona. El mánager McCullough, si no es despedido (recordemos que es más fácil botar a una persona que a 24) y los propios jugadores saben perfectamente que el bache de resultados no define el talento que demostraron al hilvanar aquellas 52 victorias, pero la exigencia de las Grandes Ligas no espera a nadie, especialmente cuando ya el mes de agosto está tocando la puerta.
Los Marlins necesitan reencontrarse con su identidad urgentemente. Otto López, que mantenía un promedio al bate cercano a los .340 de promedio ha bajado a .328 (el venezolano Luis Arráez ya le respira detrás de la nuca con .327), Xavier Edwards y Liam Hicks, entre otros, deben retomar su ritmo de juego, mientras que los brazos de Sandy Alcántara, Eury Pérez y el ahora lesionado Max Meyer (si se recupera de las molestias en su cuello, porque hoy se conoció que ingresó a la lista de lesionados por 15 días) tienen que sacar lo mejor de sí para regresar a la vía que tenían en principios de este mes. Es decir, que el equipo debe ajustar las clavijas en el pitcheo, recuperar la confianza en la caja de bateo y cortar de tajo esta racha negativa es la única tarea pendiente si el objetivo es evitar que la temporada se les escape de las manos.

Por: Edgar Leal Suárez

Cada autor es responsable de lo que presenta y no necesariamente significa que estemos o no de acuerdo con sus escritos.

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