LA IMAGEN POLICIAL » Como Reflejo de la Institucionalidad y el Compromiso Social»
Relatoria reflexiva
La presente reflexión aborda el complejo ataque mediático a la imagen policial en Venezuela, equilibrando la autocrítica institucional con el reconocimiento de los esfuerzos del Estado y la necesidad de un respeto mutuo entre la sociedad y la institución; a continuación:
1. El Punto de Partida: Una Mea Culpa Necesaria frente a la Mala Actuación
Para reconstruir cualquier lazo de confianza con la ciudadanía, el punto de partida ineludible es la honestidad institucional. Se debe asumir, con carácter de mea culpa, que han existido y existen malas actuaciones policiales. Ya sea por culposidad (negligencia, impericia o falta de cuidado) o por dolosidad (intención deliberada de cometer una falta o delito), estas conductas individuales han erosionado gravemente el patrimonio más valioso de cualquier cuerpo de seguridad: su institucionalidad.
Cada vez que un funcionario se desvía de su juramento, no solo comete un acto reprochable de manera aislada, sino que arrastra consigo la reputación de miles de hombres y mujeres que portan el uniforme con dignidad. El daño institucional se traduce en escepticismo público y en una brecha de desconfianza que debilita la gobernanza y la efectividad del servicio policial.

2. La Politización Extrema y el Sensacionalismo Mediático
Por otra parte, es imperativo analizar el entorno en el que se juzga la labor policial. En la actualidad, la imagen del funcionario policial se encuentra sometida a una politización extrema, donde los sesgos ideológicos y los intereses particulares instrumentalizan el error para atacar al sistema en su totalidad.
A esto se suma el fenómeno del sensacionalismo mediático y digital, amplificado por las redes sociales. Cualquier actuación —incluso aquellas ajustadas al uso progresivo y diferenciado de la fuerza— suele ser descontextualizada, viralizada y juzgada a priori en el tribunal de la opinión pública. Esta dinámica no busca la justicia, sino el impacto y la descalificación generalizada, ignorando la complejidad real de los escenarios de seguridad ciudadana.
3. El Esfuerzo del Estado: De la CONAREPOL a la UNES
No se puede evaluar la situación actual sin revisar la historia reciente y las políticas públicas del Estado venezolano. El año 2006 marcó un hito con la creación de la Comisión Nacional para la Reforma Policial (CONAREPOL). Este diagnóstico profundo dio pie a un proceso inédito de transformación con un norte claro: la plena profesionalización.
La materialización más evidente de este esfuerzo estructural es la fundación de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES). La UNES transformó el paradigma educativo, pasando de la antigua formación meramente represiva a un modelo humanista, técnico y universitario, basado en el respeto a los derechos humanos y en la proximidad comunitaria. Este es el reflejo del compromiso del Estado por dignificar la carrera policial y garantizar funcionarios técnica y éticamente preparados.
4. Reflexión y Compromiso de Doble Vía: Lo Interno y lo Externo
Para consolidar la matriz pública de manera positiva, la solución debe ser bidireccional:
A lo interno (Hacia la Institución): El compromiso inquebrantable de mejora continua. La supervisión y el control interno deben ser implacables. Si un funcionario incurre en una falta o delito, debe ser señalado puntualmente y responder ante la justicia por sus actos. La impunidad interna es el peor enemigo de la imagen policial; la depuración oportuna, en cambio, fortalece a la institución.
A lo externo (Hacia la Sociedad): Es fundamental exigir el respeto debido a la institución policial. La ciudadanía debe comprender que el uniforme representa la ley y el orden del Estado. No se puede generalizar el comportamiento de unos pocos para deslegitimar el esfuerzo diario de la mayoría de los funcionarios que arriesgan su vida por la paz pública.
5. El Llamado al «Orden Consciente Colectivo»: Un Compromiso de «Todos»
Más allá de las responsabilidades institucionales y de los juicios públicos, la crisis de la imagen policial devela una realidad más profunda: la necesidad urgente de convocarnos, como un solo cuerpo social, a un Orden Consciente Colectivo. Este concepto trasciende el simple cumplimiento ciego de la ley; se trata de una madurez civilizatoria donde Sociedad e Instituciones nos asumimos como partes corresponsables de un mismo destino.
Conclusión:
La imagen policial no se decreta; se construye diariamente en la calle, en las aulas de la UNES y en los tribunales de control disciplinario. Reconocer el error dignifica a la institución, visibilizar el esfuerzo académico la fundamenta, y aplicar la ley con rigurosidad a los descarriados es la única vía para restaurar el respeto y la confianza que la sociedad venezolana merece y exige.
Gilberto A Hidalgo J
Com Jefe (PMRP) MSc
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gilbertohidalgo2@hotmail.com
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